martes, 30 de noviembre de 2010

En Marte(s) se está tan bien

Martes, último de noviembre, día críptico blanquecino.
Celebro la chispa que ha hecho que mi bici se haya enterrado bajo una capa profunda de algodón en uno de los días que hasta hoy eran meramente ordinarios, el paso de un lunes más a un miércoles atareado. Pero hoy el calendario ha hecho un guiño, mientras mi taza de café y yo padecíamos algo parecido al Síndrome de Stendhal. Sonaba Martin Bjorck y el arte en las paredes desbordó mi doble de azúcar. Tres horas se hicieron cortas. Un viaje mágico a un universo paralelo de la imaginación. Un collage onírico con un toque de especias de todo lo que últimamente me inunda, sobre todo cuando la rutina acecha con su plúmbea insistencia.
Ni el libro, ni la libreta de notas, ni siquiera el lápiz salieron del cobijo. El mundo ofrece demasiadas distracciones. Y en el mismo instante en el que quiero escribir, 5 segundos me llevan a un abanico de sensaciones diversas y contradictorias que soy incapaz de describir o definir. Me quedo estancada y sigo mirando. Me debato entre la tontería inmensa y multiforme. A veces da resultados mejores de los esperados.
Creo que debería fiarme más de la intuición. Me arrepiento de no hacerle más caso. Hoy lo he hecho y he terminado por pasarme media tarde en un café gustosamente. He hecho de todo menos lo que tenía planeado. Y pensar. Sobre todo eso.
Y por pensar, me he parado en la distracción, en la cotidianeidad, en los personajes urbanos, en los interurbanos, en lo que me remueve por dentro, en mi creciente ñoñería, en las instancias previas a eso que se hace llamar amor, en celebrar las chispas, los amores que se detienen en situación de posibilidad con la certeza de que algo maravilloso podría haber sucedido pero que sabes que el después no estaría a la altura, en la ilusión, en mis recientes inquietudes, en los planes, en el significado de los sueños y en sus ironías, en las ganas de comprarme todas aquellas cositas que no valen para nada pero que son muy monas, en el segundo movimiento de la Sinfonía Júpiter o en Louis Armstrong y Potato Head Blues, en el próximo concierto, en cómo mañana daré uno de los más grandes abrazos nostálgicos previos a una sesión cine en Compostela, en la sorpresa que me intriga, en las novedades diarias que llegan desde la capital y el intercambio de pareceres y la emoción que me produce...,sobre todo esta última, que me ha obligado a pedir otro café.


Y ahora, ya acostumbrada a sus novedades, volveré a preguntarle de nuevo si hoy en su ciudad hace mucho frío.

Potato Head Blues- Louis Armstrong

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