Martes, último de noviembre, día críptico blanquecino.
Celebro la chispa que ha hecho que mi bici se haya enterrado bajo una capa profunda de algodón en uno de los días que hasta hoy eran meramente ordinarios, el paso de un lunes más a un miércoles atareado. Pero hoy el calendario ha hecho un guiño, mientras mi taza de café y yo padecíamos algo parecido al Síndrome de Stendhal. Sonaba Martin Bjorck y el arte en las paredes desbordó mi doble de azúcar. Tres horas se hicieron cortas. Un viaje mágico a un universo paralelo de la imaginación. Un collage onírico con un toque de especias de todo lo que últimamente me inunda, sobre todo cuando la rutina acecha con su plúmbea insistencia.
Ni el libro, ni la libreta de notas, ni siquiera el lápiz salieron del cobijo. El mundo ofrece demasiadas distracciones. Y en el mismo instante en el que quiero escribir, 5 segundos me llevan a un abanico de sensaciones diversas y contradictorias que soy incapaz de describir o definir. Me quedo estancada y sigo mirando. Me debato entre la tontería inmensa y multiforme. A veces da resultados mejores de los esperados.
Creo que debería fiarme más de la intuición. Me arrepiento de no hacerle más caso. Hoy lo he hecho y he terminado por pasarme media tarde en un café gustosamente. He hecho de todo menos lo que tenía planeado. Y pensar. Sobre todo eso.
Y por pensar, me he parado en la distracción, en la cotidianeidad, en los personajes urbanos, en los interurbanos, en lo que me remueve por dentro, en mi creciente ñoñería, en las instancias previas a eso que se hace llamar amor, en celebrar las chispas, los amores que se detienen en situación de posibilidad con la certeza de que algo maravilloso podría haber sucedido pero que sabes que el después no estaría a la altura, en la ilusión, en mis recientes inquietudes, en los planes, en el significado de los sueños y en sus ironías, en las ganas de comprarme todas aquellas cositas que no valen para nada pero que son muy monas, en el segundo movimiento de la Sinfonía Júpiter o en Louis Armstrong y Potato Head Blues, en el próximo concierto, en cómo mañana daré uno de los más grandes abrazos nostálgicos previos a una sesión cine en Compostela, en la sorpresa que me intriga, en las novedades diarias que llegan desde la capital y el intercambio de pareceres y la emoción que me produce...,sobre todo esta última, que me ha obligado a pedir otro café.
Y ahora, ya acostumbrada a sus novedades, volveré a preguntarle de nuevo si hoy en su ciudad hace mucho frío.
Potato Head Blues- Louis Armstrong
martes, 30 de noviembre de 2010
viernes, 19 de noviembre de 2010
Garam Masala personal
Y vendría siendo algo así como el conjunto de “especias y especies” que hoy, como otros tantos días, me han hecho flotar en el magnífico sabor de un día frío y lluvioso.
Perdónenme un segundín , que me quedaré mirando por la ventana el temporal.
Qué bonito.
Qué bonito.
Qué bonito!
Epilepsy Is Dancing-Antony and The Johnsons
martes, 16 de noviembre de 2010
Post-operatorio
La desnudez al sístole sin diástole, en una habitación que arranca las miradas, como quien arranca las uvas de un racimo, sin despojos, con sabor, con plena atención, mirándonos las curvas, las más bellas, las más bestias. Evocando la mayor feminidad, latente, presente.
Las letras de dos folios arrugados apuntan al bisturí y sin pensárnoslo dos veces, decidimos tomar las riendas para la auto-incisión.
Ahora ya da igual, esperarte o que me esperes en nuestra Sala de (des)Espera para vernos. Terminaremos encontrándonos de nuevo en la misma clínica, con la misma huella quirúrgica, con el mismo tratamiento, en otra habitación mirona, con un roce parecido y distraído por la distancia.
Lo peor de decidir abrirse sin anestesia es el tramo que nos lleva de un quirófano de colchones y sábanas por los suelos a la recuperación lenta y melancólica de un cosido que todavía tira, prometiendo cicatriz.
Las letras de dos folios arrugados apuntan al bisturí y sin pensárnoslo dos veces, decidimos tomar las riendas para la auto-incisión.
Ahora ya da igual, esperarte o que me esperes en nuestra Sala de (des)Espera para vernos. Terminaremos encontrándonos de nuevo en la misma clínica, con la misma huella quirúrgica, con el mismo tratamiento, en otra habitación mirona, con un roce parecido y distraído por la distancia.
![]() |
| Y yo, con hambre de pecado. |
Lo peor de decidir abrirse sin anestesia es el tramo que nos lleva de un quirófano de colchones y sábanas por los suelos a la recuperación lenta y melancólica de un cosido que todavía tira, prometiendo cicatriz.
domingo, 7 de noviembre de 2010
Ricordo dall'aria
Hoy es domingo. Reconozco que en muchas ocasiones reivindico su desaparición. Se me hacen increíblemente largos. Mágicamente desoladores y silenciosos.Pero sólo en ocasiones.
Hoy, hoy se me hace increíblemente corto y gustosamente reflexivo. Quizás sea hoy así porque no tengo ningún síntoma resacoso que me obstaculice el cerebro. O también porque he pululado de un habitáculo a otro sin mayor preocupación que la de tener los altavoces bien altitos, que la de sentir el frío en la piel desnuda y pasearme sin pudor alguno con la única iluminación de una vela roja, alargada, que se consume por el interior y deja, para mi disfrute visual, unas paredes que se derriten desigual y lentamente.
Pero sobre todo por el olor que se introduce a través de la rendijilla de la ventana que ha quedado ligeramente abierta, se cuela un bienvenido recuerdo que sin permiso avanza,y se adentra en mi mente, con el sonido lluvioso de las suelas en los adoquines italianos de un pueblo perdido entre montañas.
Estábamos cerquita del balcón, a punto de batalla de uñas a escondidas. Estábamos y se dibujaba en nuestras caras una sonrisa tímida. Justo en ese momento, ese mismo olor se adentraba por las fosas nasales y me erizaba la piel, ese mismo que ahora me ha sorprendido.
La batalla, de balas que atravesaban corazas, duró a penas unos tropiezos y unas caricias posteriores. -Cuenta hasta tres- te dije. Y haciendo trampas, en el dos, te planté en los párpados el primer beso.
Solamente por eso, hoy adoro los domingos.
Hoy, hoy se me hace increíblemente corto y gustosamente reflexivo. Quizás sea hoy así porque no tengo ningún síntoma resacoso que me obstaculice el cerebro. O también porque he pululado de un habitáculo a otro sin mayor preocupación que la de tener los altavoces bien altitos, que la de sentir el frío en la piel desnuda y pasearme sin pudor alguno con la única iluminación de una vela roja, alargada, que se consume por el interior y deja, para mi disfrute visual, unas paredes que se derriten desigual y lentamente.
Pero sobre todo por el olor que se introduce a través de la rendijilla de la ventana que ha quedado ligeramente abierta, se cuela un bienvenido recuerdo que sin permiso avanza,y se adentra en mi mente, con el sonido lluvioso de las suelas en los adoquines italianos de un pueblo perdido entre montañas.
![]() |
| Y sea por esto, un domingo encantadoramente cursi. |
Estábamos cerquita del balcón, a punto de batalla de uñas a escondidas. Estábamos y se dibujaba en nuestras caras una sonrisa tímida. Justo en ese momento, ese mismo olor se adentraba por las fosas nasales y me erizaba la piel, ese mismo que ahora me ha sorprendido.
La batalla, de balas que atravesaban corazas, duró a penas unos tropiezos y unas caricias posteriores. -Cuenta hasta tres- te dije. Y haciendo trampas, en el dos, te planté en los párpados el primer beso.
Solamente por eso, hoy adoro los domingos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



