lunes, 20 de diciembre de 2010

Sutil y definitivamente en las nubes

Estoy en el punto justo, elevado, donde todo es mágico y la espera ansiosa, un poco más allá de eso, incierto. Ignoro la fórmula secreta de tu punto de perfección, para que perdure en el tiempo, y mientras, moviéndonos en el lenguaje simbólico del inconsciente, ese idioma extraño que intentamos traducir a realidad, se arden los labios.


Y no te asustes si llevo las tormentas en los ojos. A veces los vaivenes sirven para algo más que marear. Sirven para tomar impulso. A Dulcinea se le remueven las ganas por las esquinas y a mi me sobra tanta ilusión como afasia. Y ya no me importan ni los monstruos ni luchar contra molinos de viento, que lo mío no es un simple frenesí, y qué si me congelo de frío en un tejado o si pierdo las riendas en mitad de una noche, o que así, sin manera lógica, esté loca por ti.

martes, 7 de diciembre de 2010

Onirismo

Tengo la sensación extraña y constante de que si ahora hubiera llegado a aquel punto en blanco inicial del cómo, cuándo, dónde y por qué comenzaste a existir, no me habría aterrado empezar a escribir todo desde el principio con la certeza difuminada de que podrías llegar a suceder.


Y que si la geometría de nuestros ángulos, en el espacio de un secreto opuesto a la física y lógica universal, nos hace perder la cordura con o sin (co)razón y nos hundimos en un ligero y progresivo aumento de besos y abrazos trapezoides, es solo porque a veces las ganas también se callan simplemente para que seamos nosotros los que les demos voz, o por tomar una decisión que implique menos cabeza y más tripas-corazón. O la inversa. O vete tu a saber que… me explico?

domingo, 5 de diciembre de 2010

Ligazón de bicos inesperados

El primer deshielo de Diciembre nos ha pillado con las venas llenas de azúcar mientras aumentamos las horas de un sábado para poder así descontar la distancia entre semana. Todavía en el botecito “quero máis…moito máis” de los Pecados de Compostela quedan algunas de esas gominolas que nos obligan a enmudecer para saborear. Tus palabras, tus gestos y tu modo de escuchar los delirios que nos hacen inmortales, todavía hacen que quiera ir a pintar todos los bancos del paseo, investigando versos y frases que te quieran mirando al mar.


 Que ya somos una costumbre vertebrada, gemela e imbatible.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Parálisis emocional

El vértigo de un día en otro universo, en el que se perdían bajo el agua nuestros pies y se sacudía el cielo y nos temblaban las palabras. El rebote del eco en tu garganta y mi estómago centrifugando. El frío de visita. No hacía falta preguntarse por la piel. Reconozcamos que hemos sido un tanto kamikazes. Que se nos daba bien. Yo contra tu pecho. Tú contra mis ganas. Era un todo o nada. Un pierde o gana.
Apostamos los cinco sentidos en un 88 de bombeos por minuto. Y en un Big Bang de vísceras y con un 10% de cordura, conseguimos el vicio direccional a la postura que logró paralizar mi mitad. La que todavía te echa de menos en los días más fríos.