Te me atragantas igual que lo hace el invierno. -Como novedad, noviembre se me da fatal- Y pido un latir a medias, de esos que me rocen la piel con sabor a ron limón mientras rezo un mantra a cualquier otro cuerpo. Puede que el pequeño Vladimir tenga la clave y me descubra en viajes a modo vía de escape, sin llevar más abrazos a Marte. Que ya no quiero santiguarme cada dos por tres, ni reinventar sonrisas, ni robarte miradas mientras soy retratada por el monólogo de un cleptómano al reconstruir una última versión de ti. Que si es a limosnas, ni se te ocurra devolverme el fuego.Si es así, prefiero el frío antes que un roce frenético.
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